domingo, 31 de julio de 2011

EL DUELO ES UNA CARRERA DE OBSTÁCULOS


Charla del Dr. J. C. BIANCHI impartida el 25 de mayo de 2011

Organizada por la Asociación Talitha de Albacete, para la ayuda a madres y padres que han perdido un hijo.

El duelo es la respuesta que doy a un suceso de pérdida de un ser querido.

- Ayuda mutua: Grupos Renacer en Buenos Aires. Como psiquiatra emprendió una búsqueda que personalmente le sirviera de ayuda tras la muerte de su hijo en un accidente hace 20 años. Sus convicciones son como una caja de herramientas que hay que usar bien para dar la respuesta adecuada al proceso de duelo.

1) Se trata de una crisis existencial, la más severa que pueda afrontar el hombre. Es un derrumbe epistemológico (derrumbe del conocimiento), para la muerte de un hijo el conocimiento no tiene respuesta.

2) El duelo es un sentimiento permanente que no debe convertirse en un sufrimiento permanente.

3) El duelo es difícil de compartir con quien no lo ha vivido. Necesitamos buscar los interlocutores válidos que quieran escucharnos al pasar el tiempo que nos da la sociedad tras la pérdida de nuestro hijo. (La sociedad tiene un tiempo cronológico y nosotros tenemos un tiempo interno). El interlocutor válido se basa en un lenguaje común donde no hay un protagonista.

4) El duelo es un proceso activo, no podemos esperar que el tiempo o el grupo de autoayuda resuelva mi duelo, porque el duelo es singular e individual. En el libro “Vivir cuando un ser querido ha muerto” se dice que el tiempo es neutral, por eso las respuestas de las madres y padres que han perdido un hijo en el mismo plazo de tiempo pueden ser muy distintas y reaccionar con actitudes diferentes.

5) El duelo requiere el compromiso y la responsabilidad de sostener el vínculo amoroso. La relación con un muerto no se modifica, pues es el vivo quien tiene la responsabilidad de sostener el recuerdo del que ha muerto. Como dice Soren Kierkegaard en el fragmento de su libro “las obras del amor” donde habla sobre el recordar a los difuntos: “La obra de amor que consiste en guardar memoria de un muerto es un acto del amor "más fiel" de todos.

6) El duelo no es un conjunto de preguntas, sino una respuesta, que es siempre ética, según el contexto socio-cultural en el que vivimos.

La palabra ética viene de ethos, que significa: grupo unido por necesidades, objetivos, permisos y prohibiciones.

7) El reencontrar un sentido a la vida es cumplir con la segura voluntad del ausente.

A veces esto no se hace por un sentimiento de fidelidad o de falsa identidad con el que ha muerto. Nos recomienda escribir una carta redactada por el hijo muerto hacia su madre o a su padre diciéndole cómo quiere él que su madre o padre le duelan. ¿Qué hubiera querido mi hijo para mí? Esto es algo muy difícil de hacer pero el resultado es muy positivo.

8) La muerte no es ausencia sino presencia distinta, porque necesitamos relacionarnos con ellos de otro modo. La vida cotidiana y los sueños nos traen la comunicación permanente con ellos, a través de una persona conocida o alguien que se le parece, a través de una película o de una canción…

9) No se busca la sustitución del “objeto” sino la recuperación del mismo en una dimensión distinta. Nos aconseja el dialogo interno con el hijo ausente

En su obra “Duelo y melancolía” Freud establece las diferencias entre tristeza (respuesta sana) y depresión o melancolía (patología o enfermedad). Según el psicoanálisis: “hay un final del duelo cuando uno puede volcar el volcán del apasionamiento que se ha llevado el ausente y lo deposita en otro.” Ocho años después de escribir esta obra, a Freud se le muere una hija, al experimentar este “estar en el infierno” como él mismo le llama al duelo, cambia su teoría afirmando que “no hay final del duelo porque no hay un objeto sustitutivo”. ¿Cómo se va a olvidar uno nunca de que perdió un hijo?

10) El duelo debe ser la respuesta solidaria, digna, comprometida y libre al duelo, lo que nos conduce al crecimiento espiritual, lo que equivale a ser buena persona.

Según el famoso psiquiatra Víctor E. Frankl en su obra “El hombre en busca de sentido” donde describe su experiencia en el campo de concentración de Auschwitz: “el hombre que se acerca al dolor del otro, habiendo trascendido su dolor, crece espiritualmente y como ser humano”.

11) Nadie es la misma persona a raíz de la pérdida. Esto nos lleva hasta la trascendencia que esconde la pregunta ¿quién soy yo ahora?

12) Deben evitarse los consejos porque solamente la escucha, el agradecimiento y el acompañamiento en la presencia plena es válido.

13) Trascendencia del ego, porque desde la soberbia no se puede hacer un duelo favorable. Yo llamo egocidio a matar el yo para aceptar el duelo desde la humildad y no desde la soberbia, pues desde la soberbia no veo más dolor que el mío al pensar que lo más importante para mí es que he perdido un hijo. Hay que cambiar la pregunta: ¿por qué a mí? Por la de “¿Por qué no a mí? Según las estadísticas, existe un 7 % de padres que han perdido hijos en la sociedad occidental. Hemos de aprender el desapego de las asociaciones mentales a las escenas temidas, que son los momentos finales de la vida de una persona, los acontecimientos que rodearon su muerte y su entierro, etc.

El cambio desde las escenas temidas a los recuerdos amorosos transforma el duelo para pasar del odio al amor.

14) El duelo no es una enfermedad, la ciencia no tiene remedio para el duelo, no es positivo medicar innecesariamente porque la tristeza es una respuesta normal y natural. Sin embargo, los sentimientos negativos que no pueden ser superados pueden enfermarnos.

15) La vida no consiste en tener buenas cartas sino en jugar bien las que uno tiene. Como dice el refrán: “No hay mal que no pueda empeorar” es el caso del duelo en que elijo perder tras perder.

16) Es necesario asumir los dos compromisos: el de recordarlo amorosamente y el de volvernos a subirnos al tren de la Vida.

17) Es imprescindible poder despedirse del difunto y desapegarse de su cuerpo.

18) Debemos ubicar en nosotros al hijo como objeto bueno que sin duda es.

Las madres y padres que hacen un mal duelo interiorizan al hijo muerto como un verdugo que les obliga a sufrir. Podemos preguntarnos: ¿estaría contento mi hijo al verme así/ al verme hacer esto? ¿Qué significa lealtad o fidelidad al hijo muerto? Cuando lo ubico detrás de mí no me deja caminar en paz, a causa de la culpa, del rencor y del sufrimiento. Frente a la culpa hay que saber disculparse por lo que no hice o hice mal, porque nuestro amor es imperfecto, como nosotros. Nuestro hijo quiere posicionarse a nuestro lado.

19) Los hijos nos habitan y nos habilitan (a volver a subirnos al tren de la Vida)

20) Debemos evitar el pensamiento mágico como respuesta, frente a la desesperación. Si alguien me vende una fantasía, yo no dudo en comprarla.

21) El duelo nos convoca a pensar lo “no pensado”: ¿qué es la vida y la muerte?

22) Permisos y prohibiciones en el duelo. Los premisos los pone el hijo y las prohibiciones nosotros, los padres.

Más información en www.carlosjuanbianchi.org

En el apartado “Tinta fresca” artículo: Algunas convicciones y preguntas sobre el duelo.


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